domingo, 1 de julio de 2007

Héroes

¿Qué pensaría un niño si viese a su héroe tirado en la calle, posiblemente ebrio, lamentándose por lo desastrosa que resulta su vida y proclamando que abandonará su clandestina profesión para seguir emborrachándose? O mejor dicho, ¿cómo se sentiría? Su modelo a seguir reducido a la vulgaridad de la debilidad humana, muy lejana a aquel elegante y fascinante heroísmo sobrehumano; destrozado, llorando y balbuceando como un niño que se ha perdido al soltarse de la mano de su madre y ya no la encuentra ni sabe cómo volver a casa. ¿Quién va a afrontar los problemas entonces? ¿En quién se fijará cuando necesite fuerzas para superar aquello que ve imposible por sentirse pequeño en un mundo demasiado grande? ¿Quién le resolverá las dudas y le ayudará si la fortaleza de su héroe se ha reducido a escombros? Se sentiría traicionado, decepcionado. Como si un católico muy religioso pudiera, de alguna forma, encontrarse con una prueba indiscutible de que su Dios no existe, que no es más que una invención de los humanos por el temor a estar solos en el mundo y a ser los dueños de sus propias vidas y de sus actos, deshaciéndose así de responsabilidades. Se sentiría perdido.
Probablemente, si ese niño ya crecido, cuando madurara y consiguiera superarlo, se topara de nuevo con su mito caído nuevamente, ya no sentiría rencor. Sentiría lástima, una lástima casi dolorosa por el fracaso que desprende ese pobre hombre que no ha sabido vivir ni asumir sus derrotas.
¿Y qué sucede cuándo ese héroe es tu padre?
Nunca vi a mi padre como un héroe, pero reconozco que cuando era más pequeña y también más ignorante, le admiraba. Le veía como a alguien demasiado distante, demasiado lejos de mí. Y me parecía un hombre muy inteligente, siempre andaba leyendo, cualquier cosa. Leía hasta las enciclopedias. Digamos que ese aire de desconocido que vivía en mi casa y su apariencia inteligente me ayudaron a crear una especie de mito que despertaba mi admiración por él. Claro, era demasiado pequeña como para ver realmente quien se escondía detrás de esos libros y si cuando hablaba lo que decía era cierto.
Entonces, crecí. Y en ese proceso de cambio, leí, empecé a pensar por mí misma, me informé sobre aquello que llamaba a gritos a mi curiosidad. Poco a poco, me di cuenta de que mi padre podía saber muchas cosas, pero eran simples datos que había memorizado o frases que había escuchado o leído de otros. Y que muchas veces, se equivocaba. No razonaba ni aceptaba opiniones ajenas, y cuando aportaba alguno de sus conocimientos en conversaciones, lo hacía con un deje de superioridad y una mirada expectante para ver la reacción de los ignorantes que le rodeaban. Supongo que lo que había aprendido era lo único de lo que podía presumir.
El tiempo y una serie de diferentes circunstancias me hicieron ver a mi padre derrumbándose ante el más mínimo hecho que alteraba la monotonía. Incluso los que no eran sucesos graves y solo requerían paciencia. La primera vez que vi a mi padre llorando desconsoladamente, me asusté. Las siguientes veces que lo he visto de esa manera, he continuado alarmándome. Ocasiones en las que yo he conseguido mantenerme serena y él ha sido un manojo de nervios e inseguridades. ¿Qué se supone que debía hacer? No podíamos cambiarnos los papeles, yo no podía asumir la condición de padre en mi familia cuando yo soy la pequeña. Nadie la ha asumido, es un puesto vacante. Es extraño cuando sientes que tu padre es mucho más frágil que tú y que puede romperse más fácilmente. Te deja completamente descolocada. Perdida. Como el niño que ve así a su héroe.
Un día, no hará mucho tiempo, yo estaba sentada en la misma silla que ahora, haciendo algo que no recuerdo pero que está relacionado con la pérdida de tiempo frente a esta pantalla. Me giré, sin motivo, y vi a mi padre sentado en el sofá, devorando con avidez un dulce como si no existiera nada más en el mundo, como si toda su vida dependiera de aquel alimento. Algo se rompió en mi interior, vi a mi padre como nunca antes lo había visto. Seguía observándole, como hipnotizada o atraída por una fuerza superior a cualquier resistencia que pudiera oponer, y él se levantó y se perdió por el pasillo, cigarrillos y cenicero en mano, andando con dificultad a causa de su dolorido cuerpo que sufría por su trabajo.
Fue como si en un instante, se desatara un diluvio terrible el origen del cual era una única nube que solo perseguía a mi padre y yo estuviera allí, contemplando el desastre sin poder hacer nada por evitarlo. No vi a mi padre, vi a un hombre fracasado, vencido por completo por la vida en incontables batallas. De pronto, todo lo que conocía acerca de la vida de mi padre, atacó mi cabeza como guerreros armados que dispararon sus flechas por sorpresa y al mismo tiempo: la pobreza de su infancia, un niño que no tenía ni juguetes, y los pocos que tenía, eran destrozados por sus hermanos pequeños recibiendo él el castigo por ello, siendo pegado por un abuelo al que nunca conocí; su interés por los estudios del que tuvo que olvidarse porque sus padres no podían pagárselos; toda su vida encerrado en el mismo cuarto de una fábrica, cobrando un sueldo más que mediocre por un trabajo duro y cansado, por el que sufría dolores, haciendo siempre que podía horas extra para no llegar tan asfixiado a fin de mes aunque nunca podía permitirse ningún capricho; su padre muerto; una relación horrible con sus hermanos, que estuvieron desde siempre fastidiando y a quienes a penas ve; su madre, ya vieja, que no hace nada más que acarrearle problemas y dolores de cabeza quejándose de la actitud de sus otros hijos y pidiendo a mi padre que hablara con ellos, lo cual siempre hacía que fuera mi padre el que saliera mal parado; para un verano que se va de vacaciones con mi madre, el segundo día uno de sus hermanos tiene un accidente de moto que faltó poco para resultar mortal y que amargó su viaje, por el miedo a no volver a verlo si moría y regresando antes de la fecha prevista; teniendo únicamente en este mundo a su mujer y sus dos hijas, una de las cuales, la pequeña, es una completa desconocida para él, que solo sonríe cuando está con otra gente, que se escapó un fin de semana de casa trazando una mentira, que él cree que es completamente infeliz y que no sabe que hacer para devolverle la sonrisa y solo siente que cada día la pierde más y más.
Era, sin duda, un fracasado. No había conseguido nada en su vida, solo problemas, disgustos, más motivos para desear marcharse de este mundo como alguna vez había manifestado entre sollozos. Y nuevamente, yo no supe qué hacer. Me sentía mal, me dolía y no me gustaba ser un motivo más de su fracaso. Si alguien me hubiera contado la historia de un hombre que fuera como la de mi padre, hubiera sentido mucha lástima. Pero era peor que lástima, o que simplemente no era solo eso. Porque no era un desconocido, era mi padre.
Muchas veces, después de aquel día, he vuelto a sentir lo mismo, quizás con menos intensidad y he pensado mucho en ello. Un niño superaría la caída en picado de su héroe, al fin y al cabo no mantenía lazos reales con él y cuando fuera adulto, incluso podría recordar su fanatismo con una sonrisa autocompasiva. Pero yo no puedo olvidar la desgracia de mi padre y lo que más me duele no es tener que vivir siempre ese dolor y esa impotencia, si no que él tenga que vivir con ello consciente de que es su propia vida la que siempre ha sido un mito en una decadencia imparable.

8 comentarios:

Munlight_Doll dijo...

Lo siento...
No tengo palabras que decir después de leer esto...
Es tan íntimo que no sé qué decirte...

Sólo te daré un beso,
Mun Light Doll

Jorge M dijo...

La verdad como dice Mun es un poco.... me he sentido identificado en una gran parte del texto.... almenos para mi, mi padre nunca fué un heroe, es solo una persona que tenia una carencia grave de determinadas cosas por motivos justificados, pero que a pesar de ello ha podido seguir hacia delante, a su modo, que es MUY diferente al mio, pero ha seguido hacia delante; puede que por no llegar a pensar nunca que fué un heroe no me he llevado ningún sobresalto, para mi mi madre es la heroína, una heroina tapada que hace que mi padre funcione "correctamente" y una gran madre la verdad, a pesar de muchas cosas

Decir que me ha encantado esta entrada, esta repleta de un sentimiento brutal, como a mi me gustan las cosas, es muy contundente ;)

Un beso!!!

Jorge M dijo...

Ahora repaso mi comentario y no se que hago contado tanto de mi, asi en público :$
Tenemos que hablar de esto, venga otro beso, me voy a la cama, Ciao!!

peyote dijo...

un poco delicado el asunto.
Aprendi que la vida noi es juzgar ni ver,m si no saber ser la ortra persna; hay en algo un toque d gracia de valor incomprendible por una persona, pero la magia se rompe y cae el velo...
REconstruirlo.
El tiempo hara, el tiempo dira, cuando tengas tu mundo claro.

saludos amiga, te comprendo por que yo vivo parte de ese desencanto.

Ðąи dijo...

Creo que todos, en cierto aspecto, se nos cae un héroe de vez en cuando..
Por mi parte jamás vi a ninguno de mis padres como héroes, todo lo contrario.. pero también, a veces lo miro a mi viejo y pienso: que mal que la pasó.. que mal que la pasa.. que mal que la va a pasar.. y, ayer mismo, lo miré como nunca y lo vi viejo, como si tuviese más de los 50 que tiene.. lo vi realmente viejo, cansado..
No me compadezco por que no me la hacen fácil a mi tampoco.. pero si, hay que admitir que duele cuando uno ve que todo se cae por que, con distancia o no, somos familia y las cosas se perciben.

Te entiendo.. y no se qué más decirte. Muy buen post, como todos.
Saludos.

vanys dijo...

Como siempre mas que un placer leerla niña.
Bs.

Anónimo dijo...

hola , me gusta mucho como escribes. te mando este mensaje , porque necesito saber algo. Si sigues teniendo contacto con heathcliff. Ya que he visto que lo conoces gracias a este arte de los versos. Por lo cuál me gustaria, saber cuál es el nombre, de su nuevo blog . Gracias un cordial saludo.

La niña de los ojos tristes dijo...

Yo creo q no todo esta perdido y quien no fue nunca heroe solo lo parecio puede sacar por necesidad la heroicidad de todos los poros de su piel.
Nunca es tarde

Nunca es tarde

Nunca es tarde